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Feb
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Las máquinas no enferman (o “El inmenso proyecto de la salud perfecta”)

La salud perfecta¿Han escuchado hablar del proyecto de la “salud perfecta”? Aquí lo explica el profesor Javier Bolaños, en una charla dada en el marco del seminario “Sobre la problemática idea de Salud”,  que dictó el año pasado Julieta Lucero en la Fundación Salto, un nucleo de psicoanalistas lacanianos de la ciudad de Córdoba que trabajan, entre otras cosas, en un cruce entre psicoanálisis, salud e inteligencia artificial.

EL INMENSO PROYECTO DE LA SALUD PERFECTA, LAS MÁQUINAS NO ENFERMAN (**) (***)

 Por Javier Bolaños

(Leer el texto completo en el sitio web de Fundación Salto)


Algunas líneas introductorias

¿Alguien ha escuchado hablar de la “salud perfecta”? ¿Les suena, aunque sea? Un francés, Lucien Sfez, escribe un libro que se llama La salud perfecta (****). Sfez es un profesor de la Sorbona, especialista en Comunicación y en Ciencias Políticas, que recorrió EE.UU y Japón para investigar cómo, en estos dos países, se articula el desarrollo en tecnología y en salud, y cómo, además, la primera impacta sobre la segunda. Según Sfez la “salud perfecta” es una nueva ideología, producto principalmente de estos dos centros urbanos, que se sostiene en una construcción teórica que apunta a cambiar los procesos políticos mundiales (imponiéndose sobre éstos). ¿Qué se busca a partir de esta ideología?: una utopía que sirva de horizonte. Ojo, cuando Sfez dice “utopía” no lo hace en forma despectiva, sino que con ello explica que se trata, más bien, de una figura biotecnológica que busca la “purificación” general del planeta y del hombre.

Ésta purificación se basa en tres pilares fundamentales: el proyecto general del genoma humano, las ciencias ecológicas y la vida artificial o la imitación electrónica de la vida.

Sfez asegura, como punto de partida, que todo biólogo y todo médico ya no trabaja con la salud del individuo sino, por el contrario, con la de todo individuo en tanto especie. Esto es muy importante, pues si se trabajara con el individuo ¿de qué materialidad ahora estaríamos hablando?

Continuemos. Si se pretende la salud “perfecta” del individuo se busca, por lo pronto, encontrar el modo de que el individuo no muera, que sea hermafrodita y que sea autosuficiente. Por supuesto también que sea estéril, que se transforme en un “alma única”, no reproducible (la reproducción requiere división y, por lo tanto, pérdida de la unicidad). Con esto se podría obtener, además, una visión global y clara de la sociedad futura.

La estructura concreta que se busca, según Sfez, conlleva un proceder ligado a que a cada individuo, antes de nacer, se le quite la posibilidad de toda enfermedad hereditaria y la posibilidad, incluso, de enfermar en el futuro. Es decir que desde la medicina, por ejemplo, se apunte a una prescripción, en el sentido de  un acto profesional, que indique o establezca un tratamiento a priori, y en ausencia de la presentación de los síntomas. Como también, por supuesto, en ausencia de los individuos que los portan. Dicho de otro modo: se trabaja en el individuo por nacer.


Salud y época

Desde esta línea se buscan nuevas certidumbres y desde allí se cuestiona la época. En concreto, si transitamos el camino de una postmodernidad (incluso la llamada hipermodernidad), la cual tiene como principal característica el estar hecha de fragmentos, se pretende hoy instalar una ética que, mediante “pequeños relatos locales” (Sfez), tienda a (LA) unificación. ¿Habrá un relato posible allí?, tendremos que esperar. En este proyecto (de unificación) se incluyen, principalmente: el proyecto general del genoma humano, la biología molecular, el proyecto de la ciencia ecológica llamada “Biosfera 2”, la vida artificial como imitación (entre las que se incluye la inteligencia artificial).


Vida artificial y filosofía

Es importante que introduzcamos una pequeña reflexión sobre la emergencia de una operación que pretendió alcanzar, dando lugar allí al nacimiento de un nuevo método, cierta certidumbre. Lo interesante de la maniobra que hace Descartes, para la ciencia, es que transforma a Dios en un producto (dios). Pues, siguiendo su cogito “pienso luego existo”, podrá decir: existo porque dios así lo quiere y como dios así lo quiere. De este modo, ese dios creado (a conveniencia), en función del método que establecía, cambia (sigo en esto a Jacques Lacan) la manera de tratar el acceso a la verdad. Sigamos entonces, lo que no puede atrapar, lo que le falta alcanzar a Descartes, es el terreno de dios. Pero si desliza la aplicación del método un poco más allá, a medida que avanza ese dios pierde territorio, pero no hay problema pues aparecerá ocupando el lugar que hace falta. Así se crea a un dios como algo desprendido, separado. Algo fundamental para un científico. El cuadro antes descripto, le permite a un hombre de ciencia prescindir de dios, porque él podrá producir el que quiera.

Se trata entonces de un método que permite que el real ya no esté afuera, pues ya no pertenece a la búsqueda de un sentido externo al sistema, sino que, ahora, se lo alcanza (produce) gracias al sistema mismo. La certeza ya no la tiene el producto (divino), sino que, en concreto, se piensa y se aplica algún proceder (luego), se produce. El real comienza, de este modo, a jugarse entre las redes del sistema mismo; esto estableció el fin de las ideologías, pues si el real se produce, se puede manipular.

Retomo lo dicho al principio: ¿de qué materialidad estamos hablando acá?; y más aún, en psicoanálisis ¿con qué materialidad se trabaja? Debemos preguntarnos sobre ello.


El dios-ciencia

Otro problema a plantear, desprendido de lo hasta aquí expuesto, es a qué preguntas es necesario responder hoy. Algunos rápidamente contestan: a las de la ciencia. Supongamos que sí: escuchamos, entonces, como dichas preguntas-respuestas se multiplican, aparecen en formas de aluvión, sin control, desde diferentes vértices. La difusión científica conlleva un problema, es que bajo el título “ciencia” se dicen un montón de cosas. Pero ¿la difusión científica tiene la misma lógica que la producción científica? Por un lado el científico pretende producir, obtener objetos, y eso implica un acto de creación; instala de este modo un discurso comandado por un efecto de no saber, de vacilación, para producir eso que sí sepa hacer. En cambio en la difusión, por el contrario, dirige su operación un todo-saber (¿quién no escuchó “comprobado científicamente”?). Ello da lugar a la utilización de un saber sin contextualización (como producto). Por ejemplo, en psicología es habitual la aplicación de las “últimas modificaciones o validaciones” de determinado test, en tanto instrumento que utiliza un profesional competente, sin ni siquiera conocer las políticas (razones) de las cuáles éstas parten. Algo se escamotea allí. Resultando de ello un “todo-saber” que se aplica sobre sujetos que también son objetos (que nada saben), ya que también son investigados y por ello producidos.


Vida artificial, ficción real

Vivimos, al parecer, en una época que circula, que vuelve y crea nuevamente un todo-totalizante. Allí los cuerpos se transforman, se hacen virtuales, en la medida que ya no valen por su materialidad corporal anatómica sino por la cifra que los soporta. Es que la cifra no es biológica ni anatómica, o estará hecha, en todo caso, de alguna otra biología ya que puede simular bastante bien la anatomía de un cuerpo; tal vez al modo en que Jeremy Bentham plantea la “ficción real” (*****). Lo interesante de esta situación es que toda realidad se presenta como ficción, pero en simulación se trabaja con ella como material en bruto, y es por eso que se privilegia el valor de uso.

Marvin Minsky, importante informático y matemático (experto en inteligencia artificial) del Instituto Tecnológico de Massachusetts, en su libro La máquina de las emociones. Sentido común, inteligencia artificial y el futuro de la mente humana, plantea que los cerebros no funcionan de manera simple y por ello, para investigarlos, hay que hacer lo inverso a lo que hacen los físicos: hay que buscar maneras complicadas de explicar su funcionamiento, plantear problemas más complejos, porque “a mayor escala” ello hace que la tarea, la operación, el uso, sea más sencillo (dividiendo por ejemplo en partes algún viejo misterio y sustituirlo por varios problemas menores y nuevos). Así busca explicar hechos corrientes pero complejos que suceden en la mente: por ejemplo, afirma, la palabra conciencia alude a más de veinte procesos diferentes. De este modo explica, para luego operar, los “recursos” que el cerebro típico posee.

En esta línea señala que los hombres nacemos con una gran cantidad de recursos mentales, aprendemos a utilizarlos, y a desarrollar más recursos, en interacción con otros, las emociones son distintos modos de pensar, logramos pensar sobre pensamientos que ya tenemos, lo que permite conocer y acumular recursos, aprendemos a pensar a distintos niveles, y podemos pasar de uno al otro con facilidad, etc. Sin embargo, plantea, siempre hay un límite: no se puede utilizar recursos indiscriminadamente, el cerebro tiene una posibilidad limitada de usar recursos. Allí aparece algo importante: en el intento por ir más allá de ello reconoce que, con cada avance, se exponen a problemas nuevos, cada cambio introduce nuevos problemas, expone a peligros nuevos que se hacen evidentes cuando cambia el entorno, agrega, cuando se realiza un avance en concreto aparecen problemas que no estaban en la etapa anterior. Y, además, afirma que ningún cerebro es único (lo cual plantea otro problema) pues este se forma con pares de genes heredados, pero, biológicamente hablando, el modo en que estos genes se eligen y configuran es azaroso; sumado a que en el desarrollo temprano del cerebro hay accidentes.

Las máquinas, por supuesto, no están sujetas a esta variabilidad. En este punto diferentes científicos, incluso el mismo Minsky, se preguntan cómo ha hecho la evolución para solucionar los problemas de manera tan “perfecta”. Es bastante claro que los cambios son perfectos porque los miramos de adelante hacia atrás. Tal vez esta clase hubiera podido llamarse “la salud (fue) perfecta”.  Al parecer Minsky acuerda con ello pues su hipótesis radica en que hay que construir vida artificial para saber cómo se hace la vida (de lo contrario no hay forma de entender los procesos evolutivos buscando el sentido en el origen de los sucesos), pues producirla y explicarla permite consumar el objetivo de tener bajo control las fallas.

Pero va a haber obstáculos, y Minsky lo sabe bien. Sin embargo llamativamente plantea lo siguiente:

“[…] cuando un programa que ha estado trabajando perfectamente durante años comienza a cometer errores, aunque se supone que nada ha cambiado, suelen decir que se está pudriendo. Aún hoy, los programadores se pasan la mayor parte del tiempo intentando que los programas funcionen a la perfección. El resultado ha sido una tendencia generalizada a hacerlo todo más preciso –a convertir la programación en una ciencia en vez de un arte, haciéndolo todo con una perfecta precisión lógica-. Pienso que este no es el buen camino. Después de todo, ¿qué quiere decir que algo funciona a la perfección? La idea misma sólo tiene sentido en un mundo rígido, inmutable y completamente cerrado, como los que inventan los teóricos. En efecto, podemos hacer programas impecables sobre la base de modelos matemáticos abstractos fundamentados en asunciones que se especifican de una vez para siempre. El problema es que en el mundo real no se puede hacer esto, porque los demás están siempre cambiando las cosas” (******).

Al parecer, incluso en la más alta y precisa tecnología, si hay uso, ineludiblemente, hay falla.


Las políticas del orden público. El problema en salud mental, el goce

¿Cómo entra la salud mental en todo esto? Jacques-Alain Miller responde: como una fuerza de orden público (*******). Pero hay contrapartida: son los propios sujetos quienes hoy piden ser ordenados, e incluso, clasificados.

Si hablamos de la salud mental ¿de qué concepción de hombre hablamos allí? Tampoco podemos pensar esto fuera de un contexto político, pues tras ello hay intereses, intencionalidades. Es por ello que dichas nociones, limitadas por supuesto, delimitan un campo de acción y circulación de los objetos pertenecientes a los diferentes campos y dispositivos de funcionamiento. El problema que se presenta en salud mental es el hecho que, en dicha acción, al brindar asistencia a alguien no solo le suma recursos sino que, además, hace in-consistir su destino (desde el momento que alguien le da un objeto a otro le introduce un problema). El recurso se ofrece pero genera, también, un agujero: ¿cómo continuar solo? Este agujero se llenará con cierta tendencia, más bien objeto de goce allí, que cada quien pone al recibirlo. Decimos también que es tendencioso el modo de dar el recurso, pues el intercambio no permite la acumulación, sino que, en él, algo desarma y modifica tanto el producto en juego como el sujeto, en consecuencia, producido.

Si intentamos prescindir, en el ser hablante (más precisamente “hablante-ser”), cada vez que, de las indeterminaciones y posibilidades tendenciosas de elección, podremos hacer salud (la única posible) gracias a un mundo determinado, medible, controlado y rígido (lo que plantea la eliminación de toda variable-sujeto). Inclusive, dicha supresión, deberá ser también, literalmente, de los acontecimientos. Y sepamos, entonces, que el ordenamiento estará destinado nada más que a adaptar o a dirigir el destino de todo-sufrimiento (orden público).

Minsky (tal vez el futuro trabajador de la salud mental) trabaja con una materialidad muy precisa, pero nosotros en psicoanálisis también. No se trata aquí de una suma de elementos, tampoco de una síntesis, ni de un diálogo, tampoco de alcanzar objetivos. Se hace del trabajo del goce de cada sujeto, en singular.

Es que lo que orienta a un hablante-ser no es lo que sueñan los idealistas, y mucho menos algún propósito con finalidad útil (alguna cuestión, por ejemplo, ligada al bien-común). Existe el goce (cuestión que podrá seguirse en el 2014 en la Fundación Salto en un curso que se dictará sobre el Seminario 20 de Jacques Lacan), y su razón la podemos resumir del siguiente modo: se goza porque sí (lo inútil de este modo se hace presente), en cada uno se cuela el exceso y eso no se dirige a ninguna parte. Algo que no es necesario pero sin embargo se repite. El hombre insiste para obtener nada más y nada menos que satisfacción. Ninguna máquina, hasta donde sabemos, está hecha para un fin inútil.


Del ideal de purificación frente a la falla estructural

La purificación en la salud mental implica eliminar (o aliviar) el “mal-estar”. Pero si hay un mal real, es que estamos, decía Lacan, mal-hechos: el sujeto falla, al sujeto le es imposible hacerlo de otro modo, falla, no puede manejar al objeto, no sabe hacer en ese punto. Se le hace difícil la elección. Lo que es peor aún: siempre se va a fallar en orientar una elección.

En psicoanálisis nos interesamos por trabajar con el sujeto, a partir de cierta materialidad, pero, al momento de elegir, nos retiramos para que cada cual haga frente a lo que acontece con su  propio discurso, diremos a partir de su propia ficción real. Eso, de más está decir, no es sin otros.


Notas

(*) Seminario dictado por Julieta Lucero. Secretaria y miembro fundador de la Fundación Salto.

(**) Clase dictada el 24 de octubre de 2013 por el docente Javier Bolaños. Presidente y miembro fundador de la Fundación Salto. Coordina el módulo “del psicoanálisis y la inteligencia artificial” de dicha institución.

(***) Mecanografía y edición de la clase: Hernán Brizio.

(****) Sfez, L. (2008). La salud perfecta. Buenos Aires: Prometeo.

(*****) Bentham, J. (2005). Teoría de las ficciones. Madrid: Marcial Pons.

(******) Minsky, M. (2010). La máquina de las emociones. Sentido común, inteligencia artificial y el futuro de la mente humana. Buenos Aires: Debate.

(*******) Miller, J.A. (2007). Introducción a la clínica lacaniana. Barcelona: RBA Libros.

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Malestar Pasajero es una recopilación personal de artículos, notas y otras yerbas sobre temas de Ciencia y Salud publicados por el periodista Marcelo Rodríguez en diversos medios gráficos y de Internet.

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