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Sep
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Sistemas de salud, modelos para desarmar

Para leer recordando la película “Sicko”, de Michael Moore, o para ir a verla después: el estado del sistema de salud en E.E.U.U. depuués de la reforma de Obama, y en qué estado estamos los países de América Latina. Y cómo es que hay países muy capitalistas que sin embargo han apostado a un sistema de salud social, público e igualitario.

A su paso por Argentina, uno de los asesores de Obama en la reforma del sistema de salud estadounidense explicó cómo hicieron para darle cobertura social a 30 millones de personas que antes no la tenían, y sugirió que la Argentina no copie al sistema de su país.

“Los argentinos necesitan más información sobre su propia situación sanitaria para no legislar a ciegas”, dijo la semana pasada a su paso por nuestro país el doctor Georges Moseley, académico estadounidense de la Escuela de Salud Pública de Harvard. En la Argentina no hay una ley que regule los servicios de salud y establezca las funciones de cada institución del sector, y según Moseley, que fue uno de los principales asesores de Barack Obama en la reforma hecha este año allí, no lo ve muy posible hasta dentro de cinco, o diez años; aunque “hay pequeños cambios que sí pueden implementarse mientras tanto”, aclaró. Lo que sugirió para entonces es que se estudien diferentes modelos de reforma sanitaria dados en el mundo y se elabore, en base a los que mejor funcionan, uno adecuado a las necesidades locales: “Y en lugar de copiar a los Estados Unidos, hagan cambios acá para que nosotros los copiemos a ustedes”, acotó.
Moseley resumió las principales características de la reforma estadounidense y destacó las mejoras, pero opinó que “los costos de la salud para el sistema se elevarán mucho” y que por eso, “en unos cinco años habrá que hacer nuevas reformas”.

En nuevo sistema en los EE.UU.


En Estados Unidos existe el programa Medicaid, de ayuda médica para los sectores por debajo de la línea de pobreza, y Medicare, el “PAMI” estadounidense, para los adultos mayores; pero no hay un sistema público de salud: la cobertura social se basa en las empresas aseguradoras privadas.
La nueva ley norteamericana obliga a todos los ciudadanos a afiliarse a una aseguradora privada, pero para eso les ofrece sistemas de amplios subsidios y de créditos para que todos puedan hacerlo, aún cuando la empresa donde trabajan no pague los gastos. De esta manera, explica Moseley, logran el ingreso de 30 millones de ciudadanos que antes no estaban en el sistema de salud y, por lo tanto, no tenían ningún tipo de cobertura para sus gastos médicos.

Se creó además una bolsa de seguros de salud, donde la gente puede ver las opciones disponibles y compararlas fácilmente. Esto, argumenta Moseley, facilita la elección libre y consciente. Las empresas, para acceder a esta bolsa, deben presentar por lo menos dos opciones de planes de salud.

La ley impone algunas obligaciones a las aseguradoras –unas 100 empresas en todo ese país–: ahora no podrán dejar de cubrir a personas con enfermedades preexistentes, ni podrán desafiliar a un paciente porque le genera demasiados gastos, o porque se enferma seguido, es decir, cuando más necesita la cobertura social. Hasta ahora –bien lo había mostrado el director de cine en su película Sicko– era común que lo hicieran. También establece que al menos el 85% de su inversión la dediquen a atención médica, recortando de ser necesario los gastos de marketing y otras actividades.

Las nuevas medidas tienden también a promover en lo posible el uso de medicamentos genéricos (los que son más baratos porque han perdido los derechos de patente y pueden ser fabricados por cualquier laboratorio), derivar la carga de los juicios por mala praxis médica (que en los EE.UU. son toda una “industria” en sí) en las empresas más que en los médicos, hacer que los médicos al recetar una droga deban aclararle al paciente si tienen o no relaciones comerciales con el laboratorio que la produce, estandarizar los servicios (que dos pacientes con el mismo problema de salud reciban el mismo tratamiento), capacitar médicos para la atención primaria e incentivar económicamente esta elección profesional –“esto sí podría hacerse en la Argentina sin necesidad de replantear todo el sistema”, acotó Moseley–, y revisar si las instituciones médicas “sin fines de lucro” realmente lo son –es decir, si responden a las demandas reales de salud de las poblaciones a las que brindan servicio– o si sólo detentan esa categoría como estrategia para reducir las cargas impositivas.

“Algunas de estas reformas demandarán dos o tres años hasta ser puestas en práctica”, dijo el académico de Harvard, para el cual, de los tres parámetros que caracterizarían a un sistema de salud –cobertura, calidad y costo–, este que su país ahora implementa “privilegia una mejora de cobertura, que es su fuerte, y tal vez alguna mejora en calidad”. ¿Y los costos? Serán mayores. Intentarán subvencionarlos, sobre todo, aumentando la carga a los servicios de salud “premium” dirigidos a sectores más pudientes, reestructurando los grandes costos del Medicare y revisando, sobre todo, ese 15% del presupuesto actual de salud que según reconocen los expertos norteamericanos, se pierde en ese país “entre fraude, abuso y servicios ineficientes”.

Otras reformas sanitarias

El doctor Federico Tobar, médico sanitarista que en su momento impulsó el Programa Remediar del Ministerio de Salud de la Nación y hoy es asesor del Banco Mundial y de UNICEF, se refirió a los sistemas públicos de salud que hoy funcionan en el mundo capitalista y destacó las reformas hechas en otros países de América Latina, “más adelantados que el nuestro en este sentido”, con modelos donde de entrada se pensó en masificar la cobertura, muy diferentes al estadounidense.

El primer seguro de salud data de 1883 en Alemania y se basó en el viejo modelo de las mutuales de trabajadores. No consideraba a la salud como un derecho universal, sino como algo que se adquiría negociando con el gobierno. Y en 1948 surgió en Inglaterra el sistema de cobertura universal de salud en un país capitalista, y que hasta hoy funciona: los ciudadanos pagan sus impuestos, y el Estado da cobertura total y universal.

Poco después hizo algo parecido Canadá, aunque con un sistema menos integrado. Lo fundamental, para Tobar, es que los sistemas de salud se apoyen en la medicina basada en la evidencia –donde se compruebe científicamente la eficiencia y la eficacia de cada práctica– para que no se incurra en gastos innecesarios por presiones del mercado, cuya lógica de innovación es generalmente la ganancia de las empresas y no hacer realidad el derecho a la salud de la población en la medida de sus necesidades reales.
Chile, Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú y Uruguay reformaron sus sistemas sanitarios en los últimos años creando diferentes modelos. En Uruguay, destacó, el Estado fijó metas sanitarias –en el control de enfermedades de alta incidencia, como la diabetes o la hipertensión, por ejemplo– y paga un 20% más a las aseguradoras que logren esos objetivos entre sus afiliados mediante programas de prevención.

En Chile, se eligieron 57 enfermedades altamente prevalentes, y se dispuso que todos los pacientes que las padezcan reciban los mismos protocolos de tratamiento médico, independientemente de su poder adquisitivo.
“Las reformas del sistema de salud se hacen con leyes, cosa que en la Argentina nunca hubo”, señaló el sanitarista argentino.

(M.R. – Publicado el 1º de setiembre de 2010 en Red Diarios del Interior – Suplemento Salud)

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Malestar Pasajero es una recopilación personal de artículos, notas y otras yerbas sobre temas de Ciencia y Salud publicados por el periodista Marcelo Rodríguez en diversos medios gráficos y de Internet.

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