03
Feb
10

A los creacionistas les estaba faltando un jugador…

Richard Dawkins, en el reportaje realizado por Ben Stein

…y entró a la cancha a jugar para ellos el creacionista menos pensado: Richard Dawkins, célebre divulgador científico, autor en los ’70 de “El gen egoísta”, fundamentalista de la selección natural que quiso imponer el modelo de la genética incluso para el análisis social pero, por sobre todas las cosas, acérrimo militante del ateísmo. Por eso sorprendieron tanto sus declaraciones respecto del origen de la diversidad de la vida: una civilización altamente desarrollada (según los criterios de selacción natuarl darwinianos, claro) podría haber dejado la semilla en nuestro planeta. Aunque a algunos no nos sorprenda del todo…

NOVA RES

Algunas de las imágenes que pintan de cuerpo entero al británico Richard Dawkins, que en 1978 lanzó al mundo una de las más famosas obras de divulgación científica –El gen egoísta– resumiendo y haciendo escuela con los avances de la llamada “Nueva Síntesis” entre la genética y la teoría darwiniana de la evolución de las especies, son las que lo muestran como ateo militante, donando su material genético para que sea estudiado en el Proyecto Genoma Personal, o saliendo de una sesión de resonancia magnética funcional en el laboratorio del neuroteólogo canadiense Michael Persinger, burlándose porque, según decía, la misma estimulación cerebral con electrodos que en otras personas había producido “experiencias místicas”, a él no lo había hecho sentirse en armonía con el Universo.

Pero a partir de ahora es posible que se lo conozca también por haber admitido que la vida en la Tierra es tan compleja que no es descabellada la posibilidad de que haya habido una inteligencia superior encargada de diseñarla. Pero aclarando, eso sí, que esa “inteligencia superior” no proviene de un dios ni de nada semejante: alguna otra civilización altamente tecnificada, pero evolucionada en virtud de las leyes biológicas de la selección natural darwiniana, podría haber dejado el germen de las formas básicas de vida en este planeta azul.

Fue en una entrevista con el periodista Ben Stein, editada en el video documental “Expelled: No intelligence Allowed”, dirigido por Nathan Frankowski. La versión en inglés del documental –no hay versiones en castellano– puede verse en el sitio de Internet http://www.expelledthemovie.com.

Indagado por Stein acerca de las probabilidades de la existencia de un dios y de qué explicación encuentra para la complejidad de la vida, cuyo origen, admitió, no se conoce, Dawkins se refirió al posible origen del ADN, la primera molécula autorreplicante: “Pudiera ser que en algún tiempo primitivo, en algún lugar del Universo, una civilización evolucionada seegún criterios darwinianos y con un alto nivel de tecnología haya diseñado la forma de la vida y decidido ponerla en este planeta -dijo-. Es una posibilidad.” Esta posibilidad, añadió, podría ser probada científicamente.

“El diseñador podría ser una inteligencia superior proveniente de algúun otro lugar del Universo -agregó-, pero esta inteligencia tiene que haber sido acutoactivada por algún proceso altamente eexplicable.”

Las recientes afirmaciones de Dawkins llaman la atención porque el británico fue siempre un reconocido detractor de la teoría del “Diseño Inteligente”. Esta corriente teórica sostiene, básicamente, que la complejidad de la vida es tal que resulta imposible que la organicidad de las formas vivientes en el `planeta haya sido simplemente producto del azar, como lo sostiene la teoría de la evolución actualmente aceptada en forma casi universal en el mundo científico, cuyas bases fueron enunciadas hace 150 años por Charles Darwin. En el proceso de selección natural, motor de la evolución según Darwin, no intervendría voluntad alguna, sino que los individuos que mejor logren adaptarse al ambiente y a sus cambios serían los que finalmente logren tener mayor descendencia y transmitirle su carga genética.

De esta manera, con el tiempo sólo tendrán posibilidades e quedar sobre la tierra individuos con características históricamente más adaptadas al ambiente (“seleccionadas”), mientras que las características menos favorecidas no tendrían chance de proliferar, porque los individuos que podrían transmitirlas no sobrevivieron para hacerlo.

Pero una de las ideas centrales de El gen egoísta de Dawkins es, justamente, que la unidad del proceso evolutivo –es decir, el sujeto de la evolución– no son los individuos, ni las especies, ni siquiera los grupos: son los genes. De modo que desde esta óptica, que sintetizó lo que buena parte de la comunidad científica de entonces venía pensando desde la década de 1950, los seres vivos no serían más que máquinas al servicio de la reproducción de los genes más “exitosos”.

Esta misma idea de evolución de la vida a través de unidades de información como los genes fue extrapolada por Dawkins al terreno el lenguaje. Y en la misma obra –que recibió tan fervientes adhesiones como críticas– postula la existencia de unidades de pensamiento y de lenguaje a las que denominó “memes”. La ideas que prevalecen en una sociedad, decía el británico, son el resultado de un proceso evolutivo en el que sólo las ideas más adaptadas prevalecen, y el resto naturalmente se extinguen en el olvido. Esta idea tuvo bastante menos éxito en las ciencias humanas de lo que sus ideas sobre la evolución biológica tuvieron en el mundo de las ciencias duras e incluso en el sentido común general.

En cuanto al Diseño Inteligente (ID, según sus siglas en inglés), se trata de un intento de dar sustento científico a las ideas creacionistas propias de las religiones monoteístas, como el cristianismo o el judaísmo. Nucleados sobre todo en los Estados Unidos, donde en muchos estados existe una fuerte reacción en la comunidad educativa contra la teoría de la evolución de las especies, los partidarios de esta corriente que halla sus orígenes en el siglo XIX sostienen que es evidente que la generación de la vida es un proceso guiado por una racionalidad que es demasiado perfecta como para provenir del azar, y que el orden imperante en el Universo y en la perfección de las formas vivientes pone en evidencia la existencia de un dios o principio creador. La anécdota de Dawkins invita a pensar en la proximidad que terminan adquiriendo entre sí algunas posturas extremas, y en cuán válido puede resultar contraponer problemas religiosos con problemas científicos.

(Artículo publicado en Nova Res el 7 de enero de 2010)

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