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Ago
09

Nanocajitas sorpresa

NanoparticlesToda nueva tecnología abre un campo de potencialidades, de incertidumbres e inclusive, si se desarrolla sin prever las consecuencias, de amenazas. ¿Qué sucede con las nanotecnologías, que abren campos tan prometedores en el área de la salud y el saneamiento ambiental, pero que implican también nuevas formas de toxicidad?

En solamente dos años, la cantidad de productos nanotecnológicos desarrollados por la industria en todo el mundo aumentó tres veces y media; mientras tanto, en el mismo tiempo, las legislaciones, normativas y regulaciones no han avanzado demasiado. Avanzó, sí, el conocimiento de nuevas potencialidades de los materiales desarrollados por nanotecnología. Hay ideas, proyectos y resultados que corroboran los beneficios y las potencialidades de estas nuevas tecnologías en el campo de la medicina, la cosmética, la higiene y calidad de los alimentos e incluso el saneamiento del medioambiente. Incluso en nuestro país.

Basta decir que probablemente comenzará, en un par de meses, la etapa de investigación clínica de un medicamento que podría curar el mal de Chagas en su fase crónica. Mediante nanopartículas, un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Quilmas a cargo de la doctora Eder Romero ha logrado lo que con las drogas tradicionales resultaba imposible: que un componente activo capaz de destruir al Tripanosoma cruzi –el parásito que ingresa al cuerpo humano a través de las heces de la vinchuca al picar y que se aloja, indetectable, en el músculo cardíaco aún después de un tratamiento con benznidazol– penetre la membrana celular para destruir esos enclaves parasitarios. El Chagas afecta a más de 2 millones de personas en la Argentina y es uno de los principales problemas de salud pública en todo el continente, y de las conversaciones con un laboratorio mexicano interesado en el proyecto dependería que pronto se pudiera comenzar a probar esta droga en personas, fase imprescindible antes del uso masivo.

Pero en esta segunda edición del Encuentro Nano-Mercosur, llevada a cabo en Buenos Aires la primera semana de agosto, fue una muestra tanto de las potencialidades y certezas que la nanotecnología depara al campo de la salud –así como a la industria y a la agricultura– como de las incertidumbres y peligros. Para dar un ejemplo, la doctora Karen Hallberg, del Centro Atómico Bariloche, recordó que, según está comprobado, usando nanocristales de hierro se puede remover el 90% del contenido de arsénico del agua en sólo dos horas (varias localidades del país poseen las napas de agua contaminadas con un contenido de arsénico mayor que el tolerable, lo que causa cánceres a mediano plazo y problemas dermatológicos). Sin embargo, dijo, “no se sabe cuál puede ser el efecto de esas nanopartículas de hierro en la salud humana”. Las nanopartículas de plata también pueden ser usadas en varias formas de saneamiento ambiental, pero, ¿cuál será el efecto a largo plazo de su acumulación en el ambiente?, se pregunta.

Mundo chiquito, mundo grande

Nanotecnología es el diseño, el desarrollo y el uso de materiales y sustancias compuestos por partículas del orden del nanómetro (nm), que es la milmillonésima parte de un metro. Sobre el pequeño espacio de un milímetro, en una regla, hay que imaginarse que caben un millón de nanómetros alineados.

A esas dimencsiones, la materia puede expresar propiedades muy diferentes a las de los objetos, digamos, de tamaño más corriente. Las características químicas, magnéticas, mecánicas y eléctricas de estos materiales los hacen capaces, por ejemplo, de penetrar la membrana celular y activar un medicamento allí donde las formas farmacéuticas normales no llegan. Pro también de esas propiedades surge su potencial –y según surgió de lo dicho por los expertos locales en el encuentro, casi desconocida– toxicidad.

Desarrollar la nanotecnología requirió del uso de microscopios tan poderosos que permiten “ver” hasta átomos. Lo de “ver” es una forma de decir, ya que estas partículas son mucho más pequeñas que la longitud de onda de la luz visible, por lo que en la práctica son “invisibles”: lo que sucede es que pueden ser registradas por dispositivos que se valen de diferentes fenómenos físicos, pero que en todo caso son muy costosos.

Lo que no es necesariamente tan costoso son algunos métodos para obtener nanopartículas químicamente. Por eso se supone que es una tecnología relativamente “horizontal”, que ofrece oportunidades de desarrollo incluso a pequeñas empresas y en todas partes del mundo. Pero la mayor parte e las patentes, como es de esperar, surgen de Estados Unidos y los países de Europa.

¿Cómo con los transgénicos?

Oro, carbono, hierro, cobalto, plata, zinc. Los elementos son conocidos; lo importante es la forma: nanotubos, nanoesferas. Diferentes esrcucturas que implican diferentes comportamientos y propiedades. Mundialmente, la Organización Internacional de Estándares (generadora de las célebres normas ISO, que son las siglas en inglés de este organismo) está elaborando diez normativas diferentes sobre nanotecnología, explicó el licenciado Juan Ignacio Galimberti, del Instituto Argentino de Racionalización de Materiales (IRAM). Ninguna de ellas está concluida, con lo que hoy por hoy no existe una normativa internacional sobre cómo hacer nanotecnología segura, salvo un “reporte técnico” –de categoría sustancialmente menor a la de una norma ISO, aclaró el experto del IRAM– que debería ser revisado cada tres años.

Según estudios internacionales citados por la doctora Hallberg, las características y los efectos de la mayoría de estos nuevos materiales en desarrollo sobre la salud humana se desconocen. Y si bien destacó que existiría el riesgo de que ocurra lo mismo con la nanotecnología que con los cultivos transgénicos, es decir, la reacción de una sociedad que percibe que el desarrollo industrial se hizo sin prever las consecuencias y a expensas del desarrollo humano y la salud pública. “Eso sucedió por un mal manejo de los científicos y tecnólogos –remarcó Hallberg, que trabaja además en el Comité de Ética del Ministerio de Ciencia y Tecnología–. Hay que dar a conocer todos los posibles efectos adversos; pero si no hay efectos adversos, eso también hay que hacerlo saber:”

Dentro del cuerpo

La nanomedicina y la nanofarmacología aparecen concentradas en descubrir nuevos usos y aplicaciones de estas partículas. El físico Roberto Zysler explica que ciertas nanopartículas no sólo pueden ser direccionadas para actuar sobre un tumor de forma directa allí donde los medicamentos no llegan, como el cerebro, por ejemplo, donde sólo penetra la barrera hematoencefálica el 0,5% de la dosis de una simple aspirina. Además de eso, pueden destruir las células cancerosas con una dosis de radiación 6 veces menores, no a las radioterapias habituales sino a las emitidas por un teléfono celular.

Esto posibilitaría tratamientos mucho más efectivos y seguros, que en el caso particular de la oncología significarían una enorme mejora de la calidad de vida, ya que sólo el hecho de ser un último recurso frente a la muerte hace que sean tolerables hoy los efectos de quimioterapias y radioterapias.

Los órganos que más sufrirían la toxicidad de las nanopartículas serían el hígado, el bazo y los riñones. El daño en ellos, se sabe, se da generalmente a largo plazo, y no existen datos sobre los efectos de las nanmopartículas a largo plazo en el organismo. Se sabe que direccionándolas con un campo magnético, nanopartículas de hierro serían capaces de destruir un tumor en apenas dos horas, pero esas mismas partículas quedan por lo menos tres días más en el cuerpo, con resultados inciertos.

(M.R. – Publicado en Suplemento Salud –  Red Diarios del Interior el 13 de agosto de 2009)

Más sobre el tema:

Nanopartículas hasta en la sopa

Toda nueva tecnología abre un campo de potencialidades, de incertidumbres e inclusive, si se desarrolla sin prever las consecuencias, de amenazas. ¿Qué sucede con las nanotecnologías, que abren campos tan prometedores en el área de la salud y el saneamiento ambiental, pero que implican también nuevas formas de toxicidad?

 

En solamente dos años, la cantidad de productos nanotecnológicos desarrollados por la industria en todo el mundo aumentó tres veces y media; mientras tanto, en el mismo tiempo, las legislaciones, normativas y regulaciones no han avanzado demasiado. Avanzó, sí, el conocimiento de nuevas potencialidades de los materiales desarrollados por nanotecnología. Hay ideas, proyectos y resultados que corroboran los beneficios y las potencialidades de estas nuevas tecnologías en el campo de la medicina, la cosmética, la higiene y calidad de los alimentos e incluso el saneamiento del medioambiente. Incluso en nuestro país.
Basta decir que probablemente comenzará, en un par de meses, la etapa de investigación clínica de un medicamento que podría curar el mal de Chagas en su fase crónica. Mediante nanopartículas, un equipo de científicos de la Universidad Nacional de Quilmas a cargo de la doctora Eder Romero ha logrado lo que con las drogas tradicionales resultaba imposible: que un componente activo capaz de destruir al Tripanosoma cruzi –el parásito que ingresa al cuerpo humano a través de las heces de la vinchuca al picar y que se aloja, indetectable, en el músculo cardíaco aún después de un tratamiento con benznidazol– penetre la membrana celular para destruir esos enclaves parasitarios. El Chagas afecta a más de 2 millones de personas en la Argentina y es uno de los principales problemas de salud pública en todo el continente, y de las conversaciones con un laboratorio mexicano interesado en el proyecto dependería que pronto se pudiera comenzar a probar esta droga en personas, fase imprescindible antes del uso masivo.
Pero en esta segunda edición del Encuentro Nano-Mercosur, llevada a cabo en Buenos Aires la primera semana de agosto, fue una muestra tanto de las potencialidades y certezas que la nanotecnología depara al campo de la salud –así como a la industria y a la agricultura– como de las incertidumbres y peligros. Para dar un ejemplo, la doctora Karen Hallberg, del Centro Atómico Bariloche, recordó que, según está comprobado, usando nanocristales de hierro se puede remover el 90% del contenido de arsénico del agua en sólo dos horas (varias localidades del país poseen las napas de agua contaminadas con un contenido de arsénico mayor que el tolerable, lo que causa cánceres a mediano plazo y problemas dermatológicos). Sin embargo, dijo, “no se sabe cuál puede ser el efecto de esas nanopartículas de hierro en la salud humana”. Las nanopartículas de plata también pueden ser usadas en varias formas de saneamiento ambiental, pero, ¿cuál será el efecto a largo plazo de su acumulación en el ambiente?, se pregunta.

Mundo chiquito, mundo grande
Nanotecnología es el diseño, el desarrollo y el uso de materiales y sustancias compuestos por partículas del orden del nanómetro (nm), que es la milmillonésima parte de un metro. Sobre el pequeño espacio de un milímetro, en una regla, hay que imaginarse que caben un millón de nanómetros alineados.
A esas dimencsiones, la materia puede expresar propiedades muy diferentes a las de los objetos, digamos, de tamaño más corriente. Las características químicas, magnéticas, mecánicas y eléctricas de estos materiales los hacen capaces, por ejemplo, de penetrar la membrana celular y activar un medicamento allí donde las formas farmacéuticas normales no llegan. Pro también de esas propiedades surge su potencial –y según surgió de lo dicho por los expertos locales en el encuentro, casi desconocida– toxicidad.
Desarrollar la nanotecnología requirió del uso de microscopios tan poderosos que permiten “ver” hasta átomos. Lo de “ver” es una forma de decir, ya que estas partículas son mucho más pequeñas que la longitud de onda de la luz visible, por lo que en la práctica son “invisibles”: lo que sucede es que pueden ser registradas por dispositivos que se valen de diferentes fenómenos físicos, pero que en todo caso son muy costosos.
Lo que no es necesariamente tan costoso son algunos métodos para obtener nanopartículas químicamente. Por eso se supone que es una tecnología relativamente “horizontal”, que ofrece oportunidades de desarrollo incluso a pequeñas empresas y en todas partes del mundo. Pero la mayor parte e las patentes, como es de esperar, surgen de Estados Unidos y los países de Europa.

¿Cómo con los transgénicos?
Oro, carbono, hierro, cobalto, plata, zinc. Los elementos son conocidos; lo importante es la forma: nanotubos, nanoesferas. Diferentes esrcucturas que implican diferentes comportamientos y propiedades. Mundialmente, la Organización Internacional de Estándares (generadora de las célebres normas ISO, que son las siglas en inglés de este organismo) está elaborando diez normativas diferentes sobre nanotecnología, explicó el licenciado Juan Ignacio Galimberti, del Instituto Argentino de Racionalización de Materiales (IRAM). Ninguna de ellas está concluida, con lo que hoy por hoy no existe una normativa internacional sobre cómo hacer nanotecnología segura, salvo un “reporte técnico” –de categoría sustancialmente menor a la de una norma ISO, aclaró el experto del IRAM– que debería ser revisado cada tres años.
Según estudios internacionales citados por la doctora Hallberg, las características y los efectos de la mayoría de estos nuevos materiales en desarrollo sobre la salud humana se desconocen. Y si bien destacó que existiría el riesgo de que ocurra lo mismo con la nanotecnología que con los cultivos transgénicos, es decir, la reacción de una sociedad que percibe que el desarrollo industrial se hizo sin prever las consecuencias y a expensas del desarrollo humano y la salud pública. “Eso sucedió por un mal manejo de los científicos y tecnólogos –remarcó Hallberg, que trabaja además en el Comité de Ética del Ministerio de Ciencia y Tecnología–. Hay que dar a conocer todos los posibles efectos adversos; pero si no hay efectos adversos, eso también hay que hacerlo saber:”

Dentro del cuerpo
La nanomedicina y la nanofarmacología aparecen concentradas en descubrir nuevos usos y aplicaciones de estas partículas. El físico Roberto Zysler explica que ciertas nanopartículas no sólo pueden ser direccionadas para actuar sobre un tumor de forma directa allí donde los medicamentos no llegan, como el cerebro, por ejemplo, donde sólo penetra la barrera hematoencefálica el 0,5% de la dosis de una simple aspirina. Además de eso, pueden destruir las células cancerosas con una dosis de radiación 6 veces menores, no a las radioterapias habituales sino a las emitidas por un teléfono celular.
Esto posibilitaría tratamientos mucho más efectivos y seguros, que en el caso particular de la oncología significarían una enorme mejora de la calidad de vida, ya que sólo el hecho de ser un último recurso frente a la muerte hace que sean tolerables hoy los efectos de quimioterapias y radioterapias.
Los órganos que más sufrirían la toxicidad de las nanopartículas serían el hígado, el bazo y los riñones. El daño en ellos, se sabe, se da generalmente a largo plazo, y no existen datos sobre los efectos de las nanmopartículas a largo plazo en el organismo. Se sabe que direccionándolas con un campo magnético, nanopartículas de hierro serían capaces de destruir un tumor en apenas dos horas, pero esas mismas partículas quedan por lo menos tres días más en el cuerpo, con resultados inciertos.

(M.R. – Publicado en Suplemento Salud –  Red Diarios del Interior el 13 de agosto de 2009)

Aquí, un buen artículo de introducción a la nanotecnología. En Wikipedia se la define así.

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Malestar Pasajero es una recopilación personal de artículos, notas y otras yerbas sobre temas de Ciencia y Salud publicados por el periodista Marcelo Rodríguez en diversos medios gráficos y de Internet.

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