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Jul
09

¿Mosquitos transgénicos contra el dengue y la malaria?

Aedes aegypti¿Qué hay de la idea de transformar genéticamente a los mosquitos para que no transmitan la malaria o el dengue? La posibilidad de reemplazar a los mosquitos “malos” por otros “buenos” y así acabar con las enfermedades que transmiten es una panacea, pero el estudio genético de los insectos que transmiten enfermedades abre muchas otras posibilidades. Y entre otros, le interesa mucho a Bill Gates.

Una de las líneas de trabajo más interesantes que se han abierto entre los científicos que investigan las enfermedades infecciosas es la relación entre éstas y sus agentes vectores: ¿Qué es lo que hace que el Aedes aegypti, y no otra especie de mosquito, se convierta en transmisor del dengue? ¿Qué es lo que tiene la vinchuca y que ninguna otra especie animal tiene, que genera esa relación tan particular con el Tripanosoma cruzi y que la hace el único organismo vivo transmisor del mal de Chagas en el hombre?

Planteado de otra manera, y para dar otro ejemplo, el mosquito Anopheles posee varias características que lo diferencian del resto de los mosquitos, y una de ellas es la capacidad de transmitir la malaria o paludismo, una enfermedad que en el mundo mata 2.700.000 personas cada año, especialmente en las áreas subtropicales, incluso de la Argentina. Esas características deberían estar en el ADN del insecto.

Muchos especialistas en genómica –la parte de la genética que se dedica a descifrar los genomas de cada especie– se hallan abocados al estudio de los insectos transmisores en enfermedades, y sus trabajos están dando resultados.

Precisamente, en los Estados Unidos se acaba de dar a conocer un estudio según el cual criar mosquitos transgénicos podría ser la solución para el problema de la malaria. En realidad ya se habían modificado genéticamente algunos anofeles para disminuir su capacidad de transmisión de la enfermedad; lo que habría probado esta nueva investigación, hecha por científicos de la Universidad Johns Hopkins de la ciudad de Baltimore, es que estos anofeles transgénicos se reproducen más y mejor. Eso sugiere que, al adaptarse mejor a los ambientes, en un tiempo los nuevos mosquitos con menor capacidad para transmitir el plasmodium –el microorganismo que causa la enfermedad– podrían desplazar a los mosquitos transmisores.

Más buenos y más aptos

De acuerdo con lo publicado en la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense, el mosquito genéticamente modificado tiene muchas más posibilidades de supervivencia que los no resistentes, cuando se alimentan de la sangre de ratones infectados con el parásito Plasmodium berghei, uno de los que causa el paludismo (la principal causa en humanos es el Plasmodium falciparum, responsable del 80% de los casos y del 90% de las muertes).

El equipo fue dirigido por Jason Rason, quien dijo que la experiencia es un “primer paso en el desarrollo de una potente arma para luchar contra la malaria”, y que el objetivo es “crear

uno resistente al P. falciparum”. Luego, por supuesto, vendría el punto más difícil: reemplazar a los mosquitos transmisores de la malaria por estos nuevos, creados por ingeniería genética.

La fundación que dirige el multimillonario Bill Gates ha dado subvenciones –millonarias también– a este tipo de proyectos de reemplazo de poblaciones de insectos, lo cual seguramente hará que aumenten las investigaciones en esa línea. Aunque la idea de reemplazar las poblaciones de mosquitos a muchos científicos les resulta descabellada; incluso dentro de quienes trabajan en el área de genómica de especies animales.

¿Cuántos mosquitos hay en Sudamérica?

Rolando Rivera Pomar, del Centro Regional de Estudios Genómicos (CREG) de la Universidad Nacional de La Plata, trabaja en la decodificación del genoma de la vinchuca, vector de la principal enfermedad endémica de nuestro país: se estima que hay más de dos millones de afectados por el mal de Chagas. Asegura conocer bien la línea de trabajo de la mencionada investigación, para la que guarda, según sus palabras, un “enorme escepticismo”.

El reemplazo de poblaciones, consideró Rivera, “sería casi imposible, porque hay varias especies del mosquito anofeles que transmiten malaria, unas 30 especies de las que no se sabe demasiado, en el sentido de que no están completamente definidas, y más especies quizás por conocer”. Con esa perspectiva, “se puede reemplazar una especie, pero las otras podrían ocupar su lugar”. Al respecto cita estudios en Brasil, donde “la eliminación de una

especie con insecticidas, por ejemplo, no garantiza la recolonización por otras especies desde la selva”.

Por otra parte, argumenta, la población y la variedad de mosquitos que puede haber en las selvas sudamericanas es “imposible de calcular”. Y todo esto sería muy diferente a un ensayo de reemplazo de especies que pudiera realizarse, por ejemplo, en una pequeña isla del Pacífico con una sola especie.

“A eso –agrega, entre otros cuestionamientos de orden práctico, biogeográfico y político– hay que sumarle que diferentes especies tienen distintos comportamientos y diferentes nichos ecológicos, con lo que no es fácil mezclarlas”.

Líneas de solución posibles

El estudio del sistema inmunológico de los insectos le parece a Rivera una estrategia  mas aceptable para desarrollar nuevos métodos de control: “Quizás sea mejor bajarles las defensas a los mosquitos para que cuando adquieran un parásito se mueran y baje la incidencia de transmisión”, sugiere. La enfermedad se transmite, precisamente, porque el mosquito infectado no se enferma, no muere y por eso sigue picando.

Estos trabajos sobre el sistema inmune del mosquito y su efecto en el parásito de la malaria fueron iniciados hace años por Fotis Kafatos en el Laboratorio Europeo de Biologia Molecular: “Kafatos es el padre del proyecto del genoma de anofeles, y uno de los que puso la investigación de los mosquitos en primer plano”. Es en este laboratorio, explica Rivera, donde se demostró que el mosquito anofeles tiene una reacción inmunológica que lo defiende del plasmodium, y que es necesaria para que el parásito no mate al mosquito, pero no lo suficientemente fuerte como para matar al parásito: “Esto se ha estudiado también en la transmisión de la enfermedad del sueño por la mosca tse tse, y en nuestro laboratorio lo hemos visto en vinchucas”.

Es este descubrimiento el que hace posible pensar, además de insecticidas, en medicamentos que hagan a los mosquitos inmunológicamente mas débiles al picar, de modo que se mueran si adquieren el parásito. “O más fuertes –agrega Rivera–, como para que  maten al parásito si lo reciben. Esta es una estrategia, a mi juicio, más interesante para controlar la transmisión de la enfermedad, en lugar de usar mosquitos transgénicos, y esa evaluación es lo que nos llevó a estudiar estos fenómenos en las vinchucas y pronto, en Aedes aegypti”. Pero estos proyectos, aprobados para financiar por la Secretaría de Ciencia y Técnica y el CONICET, se encuentran aún “en los inicios”. Y demandarán años.

(M.R. – Publicada en La Voz del Interior en marzo de 2007)

Hay un artículo interesante sobre este mismo tema, publicado en Le Monde Diplomatique, que puede leerse aquí.

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Malestar Pasajero es una recopilación personal de artículos, notas y otras yerbas sobre temas de Ciencia y Salud publicados por el periodista Marcelo Rodríguez en diversos medios gráficos y de Internet.

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