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Dic
08

Medicina: avanzar sí, pero hacia dónde

Médicos y científicos escépticos respecto de los avances técnicos. La discusión sobre los cambios que representan los avances tecnológicos para la biomedicina actual está caldeada. Sin embargo hay un grupo de médicos y especialistas en bioética que, sin eludir esa discusión, advierten que los grandes problemas de la salud pública no pasan por la falta o por la incorporación de tecnología.

"El sueño de la eazón engendra monstruos", de Francisco de Goya (1799).

"El sueño de la eazón engendra monstruos", de Francisco de Goya (1799).

“La salud de los pacientes depende más de otros factores que de la medicina”. La frase fue dicha por un médico genetista, en un encuentro público sobre bioética donde se trataba la pregunta: “¿Qué es un avance en medicina?” La controversia entre quienes advierten que la creciente incorporación de nuevas tecnologías a la medicina representa riesgos que todavía ni siquiera somos capaces de medir, por un lado, y quienes están convencidos de que todo avance técnico que pueda ser aplicable a la medicina representa una expresión de progreso que debe ser bienvenida por el otro, se hacen a un lado a la hora de ver adónde nos vienen llevado hasta ahora estos nuevos artilugios que son la marca distintiva de hoy.
“Cuando uno lee los recientes informes de la Organización Mundial de la Salud sobre los determinantes sociales de la salud y la enfermedad, se da cuenta de que en realidad los adelantos que se están dando en el terreno de la medicina tienen muy poca influencia en la salud”, sostuvo el doctor Víctor Penchaszadeh, médico sanitarista, genetista y pediatra argentino, consultor en temas de genética y salud pública de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y miembro del Consejo Nacional de Programas e Investigaciones Sanitarias (CONAPRIS), del Ministerio de Salud y Ambiente. Las soluciones, planteó, “deben venir por el lado de las políticas sociales que faciliten el acceso de la gente a la salud, y no tanto por el lado de la tecnología”.
No se trata de un problema solamente local: “Está totalmente demostrado que la inequidad es la causa más importante de enfermedad”, aseguró el consultor de la OPS, quien dice ver en “la movilización de la gente por el derecho a la salud” un importante factor de cambio, a falta de políticas que tomen el problema más en serio.

A tecnología presente, la culpa es siempre del paciente
En un reciente encuentro realizado por el Comité de Bioética del Hospital de Clínicas “José de San Martín”, el cual funciona a la vez como escuela de la Facultad de Medicina de a Universidad de Buenos Aires (UBA), el doctor Juan Carlos Celhay, médico tocoginecólogo y docente de la UBA, especialista en bioética, dijo sobre este tema que la medicina debe ser vista “como una práctica social, y no como una ciencia”.
“La ciencia”, sostuvo Celhay, que mostró el trabajo realizado en asistencia médica en poblaciones del monte chaqueño, “es uno de los principales disciplinadotes de la sociedad”. La jerga médica y la creciente tecnificación instalan un lenguaje que diferencia a los trabajadores de la salud de la población para la cual trabajan, y también instala un sistema de valores propio.
Un ejemplo sería la simple ecografía, una herramienta diagnóstica para el control del embarazo a la que, aunque parezca extraño, muchas embarazadas no siempre tienen fácil acceso: “Hoy una mujer que tiene un problema en su embarazo y no se había hecho la ecografía, piensa que la culpa la tuvo ella, justamente por no haberse hecho la ecografía”.
Para Celia, las prácticas curativas pocas veces se pensaron en función del paciente, y cita como caso típico el parto en posición sentada: siempre se supo, e incluso muchos estudios científicos lo confirmaron, que es mejor para la mujer, desde todo punto de vista; sin embargo desde hace décadas se acuesta a la embarazada, en una práctica convencional cuyas ventajas están muy poco documentadas desde el punto de vista de la salud.

No es culpa de la tecnología”
Penchaszadeh toma distancia de los “apocalípticos”, es decir, quienes tienden a pensar que toda innovación técnica supone una pérdida de valores o de características humanas: “Que la medicina nos esté esclavizando no es culpa de la tecnología, sino de lo que está ahí detrás, que es la distribución del poder en el mundo”. Para este especialista, master en Salud Pública en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y actualmente profesor titular de Genética y Salud Pública en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Columbia (Nueva Cork, EE.UU.), la clave del problema pasa por las decisiones en materia de tecnología biomédica, tecnología farmacéutica e incluso en la mayor parte de la educación médica actual: casi todo queda sólo en manos de grandes corporaciones empresarias.
Los avances en genética son por cierto espectaculares, señala, pero los resultados están lejos de ser los esperados. El gobierno estadounidense había invertido en su momento 100 millones de dólares para decodificar la secuencia del genoma humano, explica Penchaszadeh, “porque les dijeron que eso iba a mejorar la salud de la gente”. “Pero no hay hasta hoy ni una sola aplicación del genoma que contribuya decisivamente a mejorar la salud”, asegura el genetista.

Si hay mercado, hay novedades
Para el doctor Javier Murúa, docente de la V Cátdra de Medicina Interna de la Facultad de Medicina, el principio de primacía del bienestar del paciente es muy conocido en la teoría pero poco aplicado en la práctica: “A veces hasta nos olvidamos de cuál fue el motivo de consulta”, dice para describir la relación que resulta de la creciente derivación de las personas que ingresan al sistema de salud de especialidad en especialidad y de diagnóstico en diagnóstico.
El “paternalismo” y la discriminación son problemas que, según consideró, hacen también a la baja calidad de atención, y que el advenimiento de mayor y mejor tecnología no hacen más que empeorar si es que no se atienden a las causas de base, que pasarían por mejorar la relación médico-paciente.
Murúa hizo mención también de otro gran problema de la creciente tecnificación de la medicina, y que no estaría relacionado con el incremento de recursos técnicos sino con cuestiones económicas: el mongering. Con este término anglosajón se está comenzando a definir una nueva estrategia de los laboratorios farmacéuticos, consistente en identificar nuevos “nichos de mercado” (consumidores de medicamentos) en la población sana.
Es así como muchas de las “enfermedades” de la que hoy se habla y hasta hace poco tiempo no –pre-diabetes, andropausia, síndrome metabólico y toda una serie de síndromes y trastornos psiquiátricos, entre otras, y entre redefiniciones de parámetros de la salud que hacen que entre la población con buen poder adquisitivo cada vez resulte más difícil poder considerarse “sano”, es decir, sin necesidad de consumir más medicamentos.
“Si sólo se ocuparan de las personas enfermas, fracasarían económicamente”, explica con cierta dosis de ironía en docente de la UBA; y eso explica que, como se señaló antes de esta discusión sobre bioética, en la actualidad “el 80% de las innovaciones” sean superfluas desde el punto de vista de la salud pública, mientras que el tratamiento de la malaria o la enfermedad de Chagas sigan sin demasiadas novedaes.

M.R. – Publicado el 5 de noviembre de 2008 en el Suplemento Salud (Diarios del Interior)

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Inquietudes alrededor de la ciencia y la salud

Malestar Pasajero es una recopilación personal de artículos, notas y otras yerbas sobre temas de Ciencia y Salud publicados por el periodista Marcelo Rodríguez en diversos medios gráficos y de Internet.

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