22
Nov
08

ADN: ¿Dónde queda la identidad?

El manejo de la molécula de ADN como herramienta hoy permite conocer hasta con un 99,9999% de exactitud un vínculo biológico entre dos personas, lo que ya está revolucionando el ámbito jurídico, el de la salud y el sentido común. Pero además la sociedad parece haberse tomado en serio la promesa de la genética de descifrar el origen de (¿todas?) las enfermedades. ¿Eso forma parte de la identidad también?

Istoria_ADN

Florencia es una joven con tres hermanos que precisa un trasplante médula ósea. Se realizan análisis del perfil genético de sus familiares más cercanos para saber quiénes serían los donantes más favorables. Uno de sus hermanos resultó ser el candidato más compatible, pero sorpresivamente, su padre fue excluido como donante. Más adelante, a pedido de Florencia se realizaron nuevas pruebas comparando su ADN con el de su papá, y resultó que no era su padre biológico. Ninguno de los dos lo sabía; sin la intervención de la tecnología actual, tampoco lo hubieran sabido nunca. Y ahora que lo saben, ¿en qué cambia la relación padre-hija?

Por otra parte, en el caso de la recuperación de la identidad de hijos de desaparecidos, la prueba genética coronó la búsqueda de una verdad histórica largamente buscada por los involucrados y por la sociedad. Hay terrenos donde la palabra de los genes –que hasta la segunda mitad del siglo pasado era un misterio- es inapelable. La mayoría de los caracteres físicos están inscriptos entre los 3.000 millones de pares de “escalones” –bases- de la famosa doble hélice. En algunos casos, los genes –unidades que determinan cada una un carácter determinado- determinan una enfermedad; en otros pueden señalar una predisposición. En la diabetes tipo II o el mal de Alzheimer, por ejemplo, se descubren constantemente nuevos genes que influirían en mayor o menor medida a desarrollarlas, siempre en interacción con lo que los biólogos llaman “factores ambientales”, que en el Hombre serían, entre otras cosas, los afectos, la cultura, la sociedad, el pensamiento, las relaciones y todo lo que a las personas les pasa en la vida.

La doctora Viviana Bernath, bióloga que formó parte de la primera promoción de especialistas en Genética Humana con orientación en Genética Molecular de la Sociedad Argentina de Genética, considera el enorme impacto que los estudios del ADN ha tenido incluso a nivel del imaginario colectivo: “Hay una tendencia a querer encontrar en el ADN la respuesta a todas las enfermedades, o a la inteligencia, aunque esto ya sería un extremo. Los genes predeterminan algunas cualidades del ser humano, pero muy poco se sabe acerca de los afectos, a la sensibilidad y a la inteligencia. No quiero decir que no se vaya a descubrir algo, pero por más que se descubra, el medio ambiente siempre va a ser fundamental.”

Lo que viene escrito

En su reciente libro La identidad – Historias reales del ADN, Bernath explica cómo las pruebas de ADN modificaron, en los últimos años, los ámbitos de la salud y de la justicia, e intenta probar que es la propia percepción de la identidad lo que está cambiando como concepto. En base a casos reales en los que las pruebas genéticas “tuvieron la palabra” definitiva, explica “desde cero” conceptos técnicos que van desde qué es, cómo se conforma y cómo fue descubierto el ADN, sigla que se popularizó mucho más que su significado, ácido desoxirribonucleico.

Pero Bernath toma distancia de lo que ve como intentos de reducir la identidad humana sólo a lo biológico. En este sentido es casi una toma de posición el prólogo de su libro a cargo de la destacada psicoanalista Silvia Bleichmar -fallecida el pasado mes de agosto-, ajena al campo de las ciencias exactas o naturales. “Hay una tendencia a creer que el ADN lo puede todo, de que está todo preinscripto –remarca Bernath-, y en realidad sabemos que los genes responden en función del medio ambiente, y que uno es como es en función de esa interacción”.

Hacerse “revisar el ADN”

“Yo desmitifico eso de que debemos tomar el ADN de cada uno y averiguar de qué va a estar enfermo –aclara la especialista-. Más allá de que hoy se avanza cada vez más en descubrir cuáles son las mutaciones responsables de cada enfermedad, en general [hoy] sólo se requieren estudios cuando se encuentra algún antecedente familiar –de alguna enfermedad cuyo perfil genético se conoce– o para ver si uno es portador o no de una enfermedad dominante o recesiva. Son casos particulares, pero considero que los estudios genéticos tienen que pedirse en base a una historia clínica.”

– ¿No hay quien quiera “hacerse revisar el ADN” como si fuera un chequeo para saber si tiene alguna predisposición a enfermedades oculta?

– Poco y nada.

– ¿Se puede hacer un análisis de ADN con muestras de un tercero, sin una orden judicial?

– Sí, en realidad es lo que más frecuentemente se hace de modo privado. Pero crea un problema importante de identificación de la muestra. Si viene alguien con un menor que no lleva el apellido de ese señor, yo no le tomo la muestra. Pero si viene un señor y me dice que quiere saber si la “muestra 1” tiene algún vínculo biológico con la “muestra 2”, y yo no sé a quién pertenecen, en general se ingresan las muestras y se resuelve si hay vínculo biológico o no.

– ¿Esto está legislado?

– No, en absoluto: pasa por la ética de los diferentes laboratorios.

– ¿Sería fundado el temor de que pueda usarse un análisis de ADN como criterio de exclusión laboral, por ejemplo?

– Hoy por hoy es una fantasía: ¿qué es “analizar el ADN”? Habría que buscar demasiadas patologías. Pero que el día de mañana las aseguradoras empiecen a buscar determinados genes y que en función de eso cambien las pólizas de seguro, puede llegar a ocurrir. Pero sólo con una pesquisa direccionada: no se puede buscar hoy ‘a ver de qué puede estar enferma’ una persona. Se dice que en Estados Unidos ya hacen este tipo de pruebas, pero no se hacia dónde está apuntando el análisis genético. Antes no se hacían radiografías de tórax para tomar a una persona en un trabajo, y ahora sí. Yo no puedo dejar de imaginarme que en algunos años, cuando se tome una muestra de ADN en una rutina de análisis de sangre, va a dar como resultado que uno es portador del gen de una determinada enfermedad.

Todos deberemos entender

Los cambios vienen siendo más rápidos que la capacidad de la sociedad para asimilarlos. La paternidad cuando hay donación de gametos es un ejemplo. “Hay casos extremos y otros que vemos a diario –relata la especialista-. Casos de análisis prenatales o de un padre que cree que sus hijos no son sus hijos biológicos ocurren todos los días. Casos como el de una chica violada que le atribuye la paternidad a otra persona por no asumir una violación me ha tocado a mí una sola vez, pero deben ser más frecuentes de lo que uno se imagina. La pregunta es qué pasa con toda esta gente después. Yo en mi libro termino todos los casos con un resultado, con el resultado del análisis. Y es que ahí termina mi contacto con ellos. Mi idea es trabajar con otros especialistas a ver qué pasa después con la vida afectiva de estas personas.”

Pero en términos más generales, concluye, “hay que abrir este debate al campo de la psicología, del psicoanálisis, de la antropología y de otras disciplinas, que es lo único que nos puede llegar a dar otro tipo de respuestas”. En teoría, nadie debiera quedar afuera, ya que nadie quedará afuera de las consecuencias del avance tecnológico.

M.R. – Publicado en Crónica de Comodoro Rivadavia y Pregón de Jujuy en Setiembre de 2007

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Malestar Pasajero es una recopilación personal de artículos, notas y otras yerbas sobre temas de Ciencia y Salud publicados por el periodista Marcelo Rodríguez en diversos medios gráficos y de Internet.

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